
Desde hace cuatro siglos, han sido las vecinas más silenciosas del Centro de la ciudad, pero también las más queridas y respetadas. ¿Quién no ha hecho cola durante horas para comprar algunos de los exquisitos dulces que elaboraban de forma artesanal las religiosas cistercienses de la abadía de Santa Ana? Apenas se dejaban ver debido a su voto de clausura, pero durante la misa en la capilla de la abadía se podían escuchar sus voces que llegaban desde detrás del coro.
Ahora, todos esto pasará a formar parte de la memoria de Málaga. Las monjas se marchan para siempre de la calle Císter y ayer empezaron a hacer la mudanza. La razón: la falta de vocación ha dejado sin religiosas la abadía. Apenas quedaban cuatro monjas en su interior y dos de ellas, las más veteranas del convento, superan con creces los ochenta años.
Los trabajadores de la mudanza comenzaron ayer a empaquetar los muebles, cuadros e imágenes que pertenecen a la orden. Según, José Luis Narbona, presidente de la Hermandad de Caballeros del Císter -un grupo de ciudadanos encargados de proteger a las religiosas de la orden-, todos estos enseres se trasladarán al monasterio cisterciense de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja).
-Caballeros sin protegidas-La Hermandad de Caballeros y Damas del Císter, a la que pertenecen personalidades de la ciudad, se queda ahora sin protegidas. La hermandad se plantea ahora su futuro. Todavía queda por ver qué ocurrirá con la capilla. «Esperamos que se pueda seguir celebrando la misa y que el edificio, que pertenece a la orden, pueda continuar albergando el museo», indican.
Para Carmelina Herrera de Nogués, perteneciente a la Hermandad de las Damas, se pierde una parte de Málaga sin necesidad. «La orden tiene otra congregación en El Atabal, pero ha ido abandonando ésta a pesar de su gran valor patrimonial», dice. Por su parte, el Obispado de Málaga no se pronuncia sobre esta decisión. «Las congregaciones religiosas tienen autonomía», indica desde el Obispado.
Hasta que trasladen todas las pertenencias de la orden, ellas serán las últimas en dejar la abadía. Pero los malagueños ya empiezan a sentir su ausencia.